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Buen trato a la política

Por RODRIGO SOLARTE – rodrigosolarte27@gmail.com

Estamos a tiempo de reivindicar LA POLITICA. La tradicional politiquería hermana del clientelismo corruptor, desprestigió esta fundamental formación ética y moral para el actuar ciudadano. Los contextos en los cuales hemos crecido y la adecuación mental y económica de los hoy adultos, explica en gran medida la necesidad de este cambio cultural.

Mi único aval para arriesgarme a abordar temas estructurales como este, son los más de sesenta años vividos como ciudadano, estudiante y profesional dedicado a acompañar, orientar y mejorar en casos, la enfermedad de niñas, niños y adolescentes con sus familias, y la convicción humana de la era de CAMBIOS ESTRUCTURALES que se están iniciando, con la normal resistencia o transición de muchos adultos, por acción, omisión y decepción con la historia vivida y beneficios económicos alcanzados.

Del énfasis individual prevalente que llevó al egoísmo minusvalorando la solidaridad con los colectivos o las mayorías humanas a todos los niveles del Estado Nación central con sus regiones, encontrar el equilibrio para disminuir desigualdades recuperando el sentimiento tan humano de la solidaridad con el buen trato que comienza desde la red primaria familiar, es un propósito multicultural que sin duda nos conducirá a la mejor convivencia posible y a la paz espiritual y material tanto individual como familiar y social.

La conciencia centralista propiciada ha ido descentralizándose como los diálogos para llegar a Acuerdos consensuados con las mayorías participantes en ellos.

Para las autoridades tradicionales a todos los niveles de la organización social, el poder de decidir por los demás se legalizó, dificultando para las actuales en proceso de ese cambio actitudinal cultural y la diversidad de intereses en juego, satisfacer a todos. Eh allí la importancia de priorizar en el diálogo, el bien común que desde el Estado y la Constitución del 91 vigente se propicia y el egoísmo interesado en lo individual rechaza.

Pasar de lo que popularmente es una ‘’ democracia entre poquitos´´ a una democracia participativa como cambio cultural civilizatorio a todos los niveles de la organización desde las familias hasta la sociedad diversa y plural en ideas, incluyendo el buen trato a la naturaleza ante las amenazas del CAMBIO CLIMÁTICO científicamente demostradas, es el reto permanente de las actuales y siguientes generaciones de donde saldrán los futuros POLITICOS para co-orientar los procesos vitales de todas y todos los colombianos.

Los cambios importantes entre lo nuevo y lo viejo no es del todo o nada, son procesos que en lo cultural dependiente de la economía acostumbrada e inculcada, tienen transiciones largas con regresos, por depender de las dinámicas sociales que los pensamientos e intereses, incluyendo el poder de convicción, no siempre racionales, e intereses diversos, participan o no se manifiestan dejando a que pocos decidan por las mayorías silenciosas o silenciadas como ha sucedido por las violencias y guerras no declaradas pero reales en nuestro Cauca y Colombia, donde el miedo a la muerte ha prevalecido.

Son muchas las Misiones que las actuales generaciones tenemos. La MISION CAUCA concebida desde el PLAN DE DESARROLLO PARTICIPATIVO Y DESCENTRALIZADO del actual gobierno del cambio, iniciado ya en estos primeros dos años, reta la CAUCANIDAD de todos y todas los realmente comprometidos con el progreso desde la marginalidad que hemos vivido.

No se trata de aplaudir todo lo propuesto y financiado acorde con los recursos económicos disponibles y por conseguir, incluyendo todo lo recuperable desde la CORRUPCIÓN ESTRUCTURAL que sigue destapándose, y la prevención misma con funcionarios actuales solapados y oportunistas con las mañas aprendidas o contagiosas del ´´ aprovechar sus minutos de poder´´, tradición del clientelismo politiquero que no tuvo la veeduría comunitaria social indispensable con claros valores anticorrupción y de enriquecimiento ilícito que nos había colocado en el subcampeonato mundial de las desigualdades y violencias.

Ese BUEN TRATO que se inicia culturalmente desde el ejemplo familiar a niñas, niños y adolescentes, donde comienza el proceso vital de los líderes comunitarios, culturales, sociales, ambientales y políticos, serán motivo de futuras columnas reflexivas, pensando en las actuales y siguientes generaciones.

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