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Cambios copernicanos con la Inteligencia Artificial

Por Mario Delgado Noguera – Comité editorial, Revista facultad Ciencias de la Salud. Universidad del Cauca

La búsqueda de información y de hacer eficiente el empleo del tiempo son las necesidades quizás más relevantes en el ámbito laboral y académico en los tiempos que corren. Parece que esa búsqueda va más allá de las necesidades, pues también son seducciones de soluciones de creatividad. Está ocurriendo un cambio importante y hasta ahora impredecible en la manera como interactuamos y buscamos información a través de internet. No es raro encontrar de oídas a estudiantes universitarios diciendo que la tarea la encargó a Copilot, una de las plataformas de la Inteligencia Artificial (AI) como el más popular ChatGPT. Previamente la búsqueda de información en internet había experimentado un cambio con Google, que basaba sus resultados en el número de personas que habían buscado un mismo término, dando lugar a una máquina poderosa impulsada por algoritmos que se emplean para las búsquedas. Googlear o guglear, como recomienda la RAE, es ya un verbo de común aceptación.

Jeff Bezos, con la creación de Amazon, revolucionó el acceso a la venta de libros en línea, eliminando intermediarios como las librerías y acelerando el proceso de compra. Amazon ha sido multado varias veces por las leyes antimonopolio de su país. La transformación que produjo Amazon suprimió la rica historia detrás de cada libro, el contacto humano esclarecedor con el librero, reduciendo los libros a simples productos. Sin embargo, el libro físico persiste. Cada libro es un objeto que está viajando como un velero en busca de puertos, y que tiene una historia desde su nacimiento, una historia de aventura en la escritura cuyo destino puede ser insospechado.

El auge del streaming, con servicios como el que ofrece Netflix de distribución digital de contenidos multimedia, llevó la segmentación del contenido a un nuevo nivel, inventando micro géneros para satisfacer las demandas específicas del público. Por ejemplo, la creación de categorías como “comedia negra” o “drama de época” o “western” que permite que la inteligencia artificial recomiende contenido altamente especializado a los usuarios.

En las últimas décadas, la IA ha experimentado una transición rápida, convirtiéndose, como los celulares móviles, en una especie de prótesis omnipresente en nuestras vidas. Desde asistentes conversacionales hasta algoritmos de recomendación, la IA está transformando la manera en que interactuamos con el conocimiento. La IA establece conversaciones, responde desde lo conocido, desde la alimentación que se le ha dado; toma información del dominio público como Wikipedia, de libros con o sin derechos, de las auto-publicaciones, de películas, de textos académicos y de tesis publicadas en repositorios, por citar algunas fuentes. Usa el lenguaje natural y lo comunica por la escritura o imágenes sobre la base de modelos matemáticos que indican que la respuesta sea la más probable a las preguntas que se le hacen. No da respuestas fácticas porque las haya conocido en algún momento, sino que las da porque ha habido muchas respuestas a esas mismas preguntas y elije el mejor modelo para responderlas desde indicadores, por lo tanto, carece de pensamiento crítico al estilo humano. Es una máquina.

A diferencia de Google, no es un motor de búsquedas, que se basa en la búsqueda en todo el ecosistema informático lo más cercano y publicado que se acerque a la instrucción que ha recibido. Hasta ahora, lo que la IA emplea son, entonces, puros modelos matemáticos para emplearlos en el lenguaje natural.

Este cambio de paradigma, -un cambio copernicano dicen muchos por lo profundo que es y será-, de la búsqueda y en la interacción en Internet plantea la dicotomía entre cantidad y calidad, así como el desafío de clasificar y jerarquizar el contenido en un mundo inundado de información.

Las preguntas que se le hacen, conocidas como “prompts“, deben tener unas características para poder ser respondidas con mayor exactitud, de tal manera que una labor humana en una conversación con la IA, es la elaboración de instrucciones o prompts, específicos con un rol dado y con un objetivo claro.

Aunque los avances son significativos, la capacidad de la IA para comprender la sutileza del lenguaje humano o el contexto cultural sigue siendo limitada. Es importante destacar que la inteligencia artificial es un logro culminante del positivismo filosófico, pero aún no alcanza la complejidad orgánica del cerebro humano. Está lejos. Sin embargo, hay interrogantes como los sesgos de quienes programan que son humanos con limitaciones, riesgos y sesgos, con ideologías distintas, fanatismos ocultos y variadas subjetividades que entran en conflicto con una pretendida objetividad de las respuestas de la IA.

En la feria del libro de Bogotá 2024, se llevó a cabo un foro sobre IA y el panorama editorial. En Amazon se publican, multitud de libros hechos con IA. Personajes como el escritor español Jorge Carrión, quien sorprendió con el anuncio que fue el primero en publicar en nuestra lengua un libro hecho con IA, llamó a que los editores, ante este escenario cambiante con esta herramienta, sean más editores que nunca. Cambios en la traducción, en la revisión del estilo y en la factura de un libro determinado están a la vuelta de la esquina. También alertó sobre la inteligencia que ya no es exclusiva de los seres humanos. Ella, señaló, está presente también en otros reinos de la naturaleza, y nociones como cultura animal o inteligencia vegetal son centrales en las aproximaciones contemporáneas sobre el tema.

Finalmente, para este artículo mas no para la IA, está el tema de la academia y los cambios en la manera de actuar en la docencia a partir de la IA. Muchos se han decantado a considerarla una herramienta poderosa, que a partir de un prompt bien hecho, hace tareas, ensayos, artículos, imágenes, diseños, genera exámenes y evaluaciones, encuestas…Creo que es la hora de aceptarla y sacarla a flote, que sea un tema importante en las reuniones de los docentes, en los consejos académicos y en los grupos de investigación. Parece ser necesaria una regulación y unas reglas de juego. Dejar que sobrepase la habitual inercia de los ámbitos académicos y se generalice sin tomar conciencia de los cambios puede producir golpes inesperados a la manera como se está llevando la docencia, la edición y la investigación.

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