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El Factor Comunitario en la Empresa

Por Sigifredo Turga Ávila

La acción empresarial de producir y suministrar carros, zapatos, juguetes, computadoras o cualquier otro elemento de consumo básico o no, comparado con la acción empresarial que ha de ejecutarse para atender servicios públicos de agua, de aseo, de alcantarillado y hasta el de energía, los compromisos necesariamente cambian, las responsabilidades de las partes intervinientes cambian radicalmente. Los modelos de administración no pueden mirarse con el mismo rasero. Lo de servicios mencionados son tan fundamentales que a veces se convierten en asuntos de vida o muerte.

Empresas que producen y atienden cosas de no obligado consumo, o que, siendo muy importantes como consumo, pueden dar espera, encontramos que la concepción o modelo con que se estructuran, está muy lejos de lo requerido para administrar lo de los servicios públicos mencionados, pues se está en la obligación de resolver, sin aplazamientos, necesidades elementales pero sustanciales de las personas.

Para citar una sola variable, el concepto de utilidad financiera aplicado a una empresa frente a la otra es o debe ser diametralmente diferente, sin embargo encontramos que quienes administran actualmente las empresas de servicios públicos no diferencian.

No puede quedar duda, lo primero a lo cual debe enfocarse la administración de los referidos servicios es el de operar a satisfacción del consumidor y de la ley en condiciones óptimas; es decir, al mejor y máximo servicio con el mínimo costo; lo que en términos coloquiales sería “BBB (bueno, bonito y barato)”. Y aquí entra un concepto que, de no tenerse en cuenta, nunca podrá lograrse dicho óptimo; se trata del Factor C (factor comunitario). La comunidad actuante en todo el proceso no solo administrativo sino operativo del servicio

En lo que se refiere a la gestión y administración del servicio del agua y del manejo de los residuos sólidos, hay energías, potencialidades y capacidades comunitarias valiosísimas desaprovechadas en la actualidad por las empresas tradicionalmente establecidas responsables de tales servicios, especialmente en las grandes ciudades. Ese factor comunitario o FACTOR C, merece ser estimulado para que se dinamice y desarrolle, atendiendo las enormes posibilidades que ofrece encaminadas a la optimización en cada uno de los pasos del servicio a prestarse.

¿Por qué es válida tal afirmación? Debido a que cada ciudadano, para garantizar su supervivencia, está obligado a servirse del agua y aportará mucho más de lo que se le reglamenta hoy, siempre y cuando sea pertinente dicho aporte y lo encuentre conveniente. En el caso de la basura, el habitante de ciudad tiene graves problemas de supervivencia cuando no se atiende a su satisfacción la recolección o manejo, también aquí su oferta potencial de colaboración es mucho más de lo que actualmente entrega.

Cito un párrafo de mi Libro publicado en 2.009, “Agua y Basuras, Responsabilidad Comunitaria” que actualmente está procurando poner a prueba en los barrios Palacé y María Occidente como en conjuntos residenciales la Cooperativa COMOSERPOPAYÁN.

“Muy seguramente, el individuo por el solo hecho de que se le demuestre que hacer la clasificación conlleva algún beneficio social, creemos que no tendrá inconveniente para cumplirlo. Lo corriente es que tampoco se le evidencia ese beneficio social.

La sumatoria de cumplimiento de todos los hogares en la separación de residuos no depende directamente de la empresa prestadora de la recolección de basuras, depende de una decisión y acción directa de la comunidad; este componente que influye en la merma de los costos del servicio es menospreciado en el modelo de administración actual. Este solo hecho disminuiría costos y acelera tiempos en los tratamientos necesarios de la basura, ofreciéndose mejoramiento en la prestación general del servicio. Es el resultado de activar una fuerza inconmensurable identificada como el FACTOR C.

La comunidad, al mejorar el costo (minimizar) y acelerar tiempos, necesariamente repercute en la utilidad o acción de la empresa o disminuyendo el valor de la factura, o porque se traslada ese nuevo ingreso hacia el fortalecimiento del plan de atención al usuario.

Obsérvese cómo el Factor C, al efectuar un cambio tan sencillo del proceso en el propio hogar de cada uno de sus integrantes, repercute de manera extraordinaria en toda la estructura económica.

Téngase en cuenta que llegar a lograr este cambio no será del resorte interior de las empresas prestadoras en la manera como actualmente funcionan, ni es tampoco resorte directo del Gobierno, es fuertemente dependiente del comportamiento o resorte del FACTOR C.

¿Y qué pasaría si además en las familias se deciden a formular procesos propios de reciclaje?, pues que los volúmenes en los rellenos sanitarios se disminuyen, aminorando impactos.

¿Y qué puede pasar si la comunidad organiza programas de reciclaje en los sitios de recolección? Pues que continúa aportando a los procesos de optimización, bajando costos y mejorando el proyecto de atención al usuario. Aporte que con sólo las decisiones propias del tipo de empresa actualmente constituída y sin participación comunitaria se complica para poder dar los mismos resultados.”

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