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En el camino

Por Silvio E. Avendaño C.

Lo primero que encuentro al salir a caminar es con el descenso de los gallinazos a las ramas de un árbol, a la espera que el mendigo abandone la bolsa de la basura. Mujeres y hombres vienen o van con mascotas. Llego al parque y escucho el grasnido de los gavilanes. Hombres y mujeres conversan o miran el celular. Por la vía principal los vehículos con su ruido de acelere o defrenadas. A mi paso, carpinterías, salones religiosos, ferreterías, mecánicos de bicicletas y motos. Cerca del estadio las jóvenes ejercitan su cuerpo al son de una melodía o siguen las indicaciones del maestro de gimnasia. En una construcción abandonada, disque para un portal de buses, me detengo ante una pared con los trazos de un graffiti:

Entonces, considero lo que dice el grafitero: “No quiere hablar, no quiero contarle a la Divinidad.” Como lector yo ignoro el tema de la conversación, pero supongo la preocupación en la cara del dios al escuchar al garabateador. Quizá lo agobia la pobreza de tantos y la riqueza de los pocos. A lo mejor las enfermedades o tal vez el sentido o el sinsentido de la existencia. O quizá quien escribió el grafiti carece de trabajo o vive acuciado por la necesidad. Mas, todo lo dicho son consideraciones mías.

Sigo la calzada y, sin preocuparme cuanto me demoro al llegar al final de la ciclovía. A distancia veo los murales que se encuentran en uno de los edificios de la Facultad de Medicina. Me atrae un bosquejo distinto a los otros murales. Un juego de luz, del cual emerge una figura. Una chica se dibuja en el conjunto de pinceladas de colores. Me parece que el cuadro no existe en el muro… que en la pared no hay más que manchas y puntos. En el fondo no está la chica sino que ella se halla en mi imaginación. Manchas de colores, trazos de luces y la conmoción del instante, al contemplar o crear en mi mente la figura.

Y, cuando camino cambia el paisaje de la ciudad, dado que, queda atrás el hospital. Paso por cafeterías, panaderías, ventas de ataúdes…La calle lleva a una bicicletería. Y más allá los almacenes agrícolas. Y, los pollitos pican la comida en los comederos de sus jaulas.

No me acerco a la plaza de mercado, ya que, prefiero dirigirme a las ventas de chontaduro. Mis pasos me llevan junto a los almacenes de los técnicos y ventas de computadores. De varios locales sacan cajas de cartón y los empaques de icopor.

Imagen que contiene tabla, pastel, cumpleaños, pintado

Descripción generada automáticamente

Continúo en mi andanza hasta que alcanzo el río y al puente. Veo la agonía del agua que avanza lentamente. Y, entonces, al volver la vista atrás me encuentro con un mural que me lleva al recuerdo. No tengo claro el año en que hubo el movimiento popular y de protesta, rechazado por la policía antidisturbios. En lugar de balas de plomo dispararon, sobre los jóvenes, balas de caucho, con tal presteza que muchos muchachos quedaron tuertos muy cerca de la ceguera.

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