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Filosofía de los Afectos 5

Por: Javier Orlando Muñoz Bastidas.

Para Carlos Jiménez y Sofía Hurtado.

El filósofo Gilles Deleuze y el psicoanalista Félix Guattari realizaron un ejercicio del pensamiento, al escribir varios libros entre los dos. Un ejercicio que es en realidad un experimento del pensamiento, en tanto se atreven a ir más allá de los parámetros establecidos del pensamiento filosófico. Pensar es pensar lo impensable: lo que aún no se ha pensado y lo que no se puede pensar. Es una apuesta por el caos, para que sea posible el sentido.

El primer ejercicio lo titularon “El Anti-edipo”, y es una ardua crítica a la estructura integral del psicoanálisis. Si bien reconocen el mérito original de presentar la actividad de la vida psíquica inconsciente del individuo, critican en profundidad la necesidad imperativa del control sublimante del mismo. Esto último es lo que lleva al psicoanálisis a la validación de las instituciones sociales, que el individuo asume como propias desde el Super Yo. Deleuze y Guattari, por el contrario, afirman que se deben crear nuevas y superiores formas del deseo, que no sean sublimaciones, sino la expresión de una consciencia de sí del individuo.

Pero lo más importante y revolucionario, está en el proyecto de la creación de un inconsciente superior. Este no es un planteamiento que hayan realizado Deleuze y Guattari, pero lo podemos pensar desde ahí, en un ejercicio de afectos del pensar o del pensar como afecto. ¿Cómo crear un inconsciente superior? Ese puede ser el proyecto de una filosofía del porvenir.

El segundo ejercicio se titula “Mil mesetas”, que también se puede traducir por “Mil escenarios” (plateaux). Hay aquí una alusión directa a la obra y el pensamiento de Antonin Artaud, cuando plantea que lo real se puede diseñar y crear como un gran escenario, siempre que todos los elementos estén rigurosamente vinculados. Lo real es un teatro de rigurosidad afectiva. Pero, ¿qué es lo real? Lo real es el cuerpo y la consciencia que lo crea, los otros y el plano de inmanencia en el que son posibles los “encuentros” afectivos.

¿El cuerpo debe crearse desde una consciencia? Sí, eso es lo que Artaud denomina el “cuerpo sin órganos” (CsO), que es la acción radical de negarse a determinar el cuerpo en unas funcionalidades establecidas. El cuerpo funciona porque así se lo ha determinado, pero, por eso mismo, puede funcionar de otras infinitas y diferentes formas. Hay que liberar al cuerpo de toda determinación. Pero también hay que liberarle el cuerpo a los otros, en un proceso de mutua afectación. Hay que afectar el cuerpo de los otros, para que se transformen.

Es por esto que el experimento de escritura y pensamiento, continúa con el libro “¿Qué es la filosofía?”. En este se plantea la diferencia, el objetivo y la interrelación que hay entre: filosofía, arte y ciencia. La filosofía debe crear conceptos, el arte crea afectos y la ciencia preceptos. Los tres tienen en común que son procesos de creación, y tienen como diferencia aquello que deben crear. Un concepto es una universalidad eidética, es la comprensión de algo desde la posibilidad. Un afecto es un “bloque de sensibilidad”, es la capacidad de poder expresar un sentimiento desde un sistema complejo de sentidos. Un precepto es una consciencia de la realidad. Los tres se interrelacionan: un concepto puede hacer posible un nivel de sensibilidad que, a su vez, apertura una consciencia de lo real.

Pero hay algo en este último libro, que es más importante que lo anterior, y es la afirmación clara que la filosofía, el arte y la ciencia sólo se pueden crear entre amigos. La amistad es el requisito previo para la creación. Nada se puede crear sin un vínculo afectivo con el otro. Por eso Deleuze y Guattari escriben juntos: para mostrar que toda escritura es una escritura con otros. Nadie escribe solo. Los procesos creativos no tienen nada que ver con el narcisismo, todo lo contrario. El que no crea está demasiado encerrado en sí mismo.

Por eso el encuentro afectivo con el otro debe rompernos, para que podamos salir de nosotros mismos. La experiencia de la nada y el vacío es necesaria para una auténtica creación de sí. Somos los que estamos siendo. El otro es un destino posible por construir.

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