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InicioCOLUMNISTASCarlos E. Cañar Sarria¿Gobierno de hombres o gobierno de leyes?

¿Gobierno de hombres o gobierno de leyes?

Por CARLOS E. CAÑAR SARRIA – carlosecanar@hotmail.com

En la historia del pensamiento político, con frecuencia encontramos la pregunta: ¿Qué es preferible el gobierno de los hombres o el gobierno de las leyes? Nos permitimos exponer algunos planteamientos de connotados teóricos políticos.

Platón denomina servidores de la ley a los gobernantes; la felicidad o ruina de los pueblos depende tanto de las leyes como de los gobernantes. Considera la aristocracia como la mejor forma de gobierno. Aquí gobiernan los magistrados, hombres prudentes y sabios, verdaderos filósofos.

Para Aristóteles, la alternativa de gobierno de las leyes o gobierno de los hombres, se refiere no a la forma de gobierno sino a la forma de gobernar. De lo que se trata es que las leyes tengan carácter de universalidad y no se utilicen al servicio de un hombre o de unos pocos.

Tomás Hobbes concibe la ley y el poder en términos de fuerza y de violencia. El poder del soberano o gobernante es absoluto o totalitarista; es justo todo aquello que para el soberano es justo e injusto aquello que se contrapone a la ley civil que es su propia ley. Gobierno y ley es la misma cosa.

John Locke fundamenta la sociedad política en la libertad, la cual sólo puede estar limitada por la ley. “La libertad de una persona termina donde se acaba la libertad de otra persona”. Defensor de la separación de poderes. Quien detente el Ejecutivo debe gobernar mediante leyes firmes, constituidas, promulgadas y defendidas por el pueblo. El Legislativo es el poder soberano único y todos los demás poderes deben supeditarse a él.

Montesquieu estima que “en la naturaleza los hombres nacen iguales; pero esa igualdad no se mantiene. La sociedad se la hace perder y sólo vuelven a ser iguales por las leyes”. Amante apasionado de la libertad y de la justicia que considera apreciados bienes, “el hombre ha nacido, de hecho, libre y razonable, por consiguiente, hemos de procurar que siga siéndolo”. Confía en las leyes, pues sólo entre los salvajes predomina lo físico. “El gobierno- anota- es una áspera lima que trabaja lentamente y llega poco a poco al fin propuesto”. Coincide con Aristóteles en el sentido de que lo importante no es tanto quién detente el poder sino cómo éste es detentado, que las leyes y constituciones pesan poco frente al “principio” o espíritu en que se sustentan y a las bases morales y racionales que impliquen su buen o mal funcionamiento. El gobierno republicano es aquel en que la soberanía reside en el pueblo o parte del pueblo y que acoge la virtud como el más alto valor. Montesquieu no desestima la ética en el ejercicio del poder y en el devenir de la sociedad: “La corrupción de cada régimen político comienza casi siempre por la corrupción de las costumbres”.

Juan Jacobo Rousseau, connotado pensador ginebrino, de nacionalidad francesa, estima que la ley es la viva expresión de la voluntad general, ésta no hay que confundirla con la voluntad de todos, puesto que mientras la primera mira el bien público, la segunda mira el bien privado. La voluntad general es siempre recta, inalterable y pura, no se enajena, ni se compra ni se vende. La mejor forma de gobierno tiene características democráticas donde el soberano es el pueblo, el cual sólo puede estar representado por sí mismo. Quien gobierna no es más que un simple comisionado del pueblo, cuya función principal está precisamente en no apartarse de la voluntad general.

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