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“José María Serrano Prada, la soledad acompañada de la literatura”

Por William Efraín Abella Herrera

Imagen en blanco y negro de un hombre con lentes

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Libros, catálogos, recortes de periódico adornaban la casa del Licenciado José María Serrano, director – por ese entonces – de las Bibliotecas de la Universidad del Cauca. Deseosos de conocer su vida y compartir con él un espacio de tertulia, le visitamos en 1998.

La vida académica y cultural me fue cambiando


“Mi familia – nos dijo – es de origen santandereano, de Zapatoca, considerada como la ciudad levita, porque era la que más sacerdotes daba al país. Luego de que nací en Bucaramanga en 1950, desde los primeros meses vivimos en la costa Atlántica, en Fundación Magdalena. Allí evidentemente la región, su cultura y la música de acordeón me marcaron mucho”.


Sus primeras lecturas, aún en un colegio que no tenía ningún incentivo para esta actividad, fueron las obras de Dumas y Salgari, libros que su hermano mayor le obsequiara. “Eran cuatro volúmenes de más de 4.000 páginas”. Así iniciaba una etapa de su vida, vida en soledad acompañada de la literatura.


Luego se trasladaron a la sabana del Cesar y Santa Marta, donde nació su interés por la poesía. El motivante fue el único libro que había en casa: “La obra completa de Rafael Pombo, que contenía en la parte final una serie de traducciones de poesía francesa e inglesa, que el vate bogotano había hecho”.


Concluyó su bachillerato en el colegio franciscano San Luis Beltrán de Santa Marta e ingresa a la Universidad de Antioquia en 1972 a estudiar Bibliotecología. Consideraba vital para su formación este momento de la vida, “ya que de vivir en un pueblo sin luz y sin libros, llegamos a una ciudad donde uno encuentra una biblioteca de verdad, además de una ferviente actividad cultural. Cineclubes donde fácilmente se podían ver cien películas al año, recitales de poesía, encuentros literarios y de teatro”.


“La vida académica y cultural de la Universidad de Antioquia y de la ciudad misma fue determinante. Prácticamente ahí adquirí una amplia formación, especialmente en literatura, un poco también metido en las discusiones político-teóricas que se manejaban en la época”, nos contó.


Al concluir sus estudios tenía dos opciones: “regresar a la tierra donde nací o venir a trabajar a una ciudad que no conocía”. Así fue como llega a Popayán en 1976, a desempeñarse como director de la Biblioteca de la Universidad del Cauca. “Son ya 22 años, ¡Toda una vida!” exclamaba.

El arte es la única forma de rebelión que existe


El libro que más le impactó era En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, obra de más de ocho tomos que releía cada cinco años. “Es una reflexión total sobre todo” nos advertía.


En cine le llaman la atención las películas de autor, por su hechura y concepción cinematográfica. Un ejemplo de ello era Cuatrocientos golpes de Truffaut, cinta que consideraba “una reflexión sobre la educación”. El otro filme que se gozaba era Escenas de la vida conyugal de Bergman, largometraje acerca de las relaciones personales.


En pintura su artista favorito era el holandés del siglo XVI Jean Vermeer, quien pintaba escenas íntimas. “Cuando viajo a Nueva York, voy a ver ceremoniosamente sus obras. Considero que el arte es la única forma de rebelión que existe contra la sociedad, no la violencia, por eso reivindico la interpretación del mundo a través de los valores estéticos, que de una u otra manera aspiran a ser universales y eternos”.


Un milagro secreto.

De sus lecturas reflexionaba sobre un cuento acerca de un autor de teatro que es capturado por el ejército nazi y condenado a muerte. Cuando está ante el paredón le pide a Dios que le conceda un milagro secreto, que en un segundo le deje terminar su obra de teatro, y Dios se lo concede.


“Él siente cuando el pelotón de fusilamiento carga y apunta las armas, y mientras una gota de sudor recorre su frente – nos narraba José María – en un segundo de tiempo físico reconstruye la obra, la escribe, la reescribe, y al terminarla siente la descarga cuando le disparan”.


“Yo estaba pensando – nos indicaba en esa ocasión – que eso es lo que quiero, deseo terminar una cantidad de cosas que tengo inconclusas, todas ligadas obviamente con la biblioteca que ha sido mi vida. Los libros los tengo en la casa, en la cabeza, en la revisión de catálogos… en todas partes. No puedo entender el mundo un poco sin eso.”

Su legado a la ciudad fue dejar una serie de estudios e investigaciones sobre los libros en Popayán del siglo XV al XIX, como el ya elaborado de la Biblioteca Franciscana del Colegio de Misiones. En la misma línea, escribir la obra Bibliotecas, lectura y cultura del libro en Popayán 1700-1910, cuya investigación – nos contó- ya tenía bastante adelantada.

Con satisfacción nos dice que “este año (1998) se recuperó la biblioteca que le dio origen a la Universidad del Cauca, la de 1827 -1833”. Entre sus aspiraciones estaba el abrir pronto la sala del libro de la Colonia y la República.

Un pesimista activo


No obstante haber recibido de sus padres una formación política ultraconservadora laureanista, y en religión ultracatólica, se consideraba ateo, “aunque realmente lo que no tengo es religión”, aclaraba.


José María Serrano se definía como un pesimista activo, “yo sé que nada tiene solución, pero hago el esfuerzo para que la tenga, entonces eso me lleva a ser un poco cínico, un poco sardónico porque veo el mundo como un vaivén. Por eso en cierta forma hay como una eterna burla de todo, pero un interés por hacerlo. La vida son acciones, yo tengo que estar pensando a toda hora, eso me hace ser hiperactivo, de hecho, leo de todo, paso de un tema a otro”.


“Me siento feliz estando solo, no es que me las tire de excéntrico, de hecho, tengo amistades que son como el universo, de crecimiento infinito, no tienen fin. Tener un amigo en la vida es como haber triunfado” nos indicaba.


Contrario a lo que podría pensarse, para José María lo más importante en su vida era la música: “me siento bien cuando la oigo, ella me lleva a sentirme pletórico… como eterno. Schubert y Brahms pienso que son los que más me llegan”.


Así nos despedimos de José María Serrano Prada dejándole acompañado de su soledad, sus libros, y su música… A los pocos días de esta entrevista nos llegó la noticia de su fallecimiento, mientras resonaba en me memoria su frase: “tener un amigo en la vida es como haber triunfado”.

Pie de foto: José María Serrano Prada Fotografía: Peregrino Acosta

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