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La dura carta de la ACIN al EMC de las disidencias de las FARC

Por: Felipe Solarte Nates

En algunos de los apartes dicen: “Nos motiva la débil esperanza de que su organización todavía pueda salir del pantano en que ha caído por atentar contra el pueblo, sobre todo en detrimento de la vivencia de las comunidades indígenas en el Cauca.

Por ello, creemos necesario hacer constar las graves violaciones a nuestros derechos que son de su conocimiento, pero que han sido imposible detener por la degradación de su organización por traicionar la lucha revolucionaria, incluyendo el asesinato de mujeres desarmadas como la mayora Carmelina Yule, igual o más infame que instalar explosivos contra los Kiwe Thegnas.”

En estos apartes está concentrado el agudo cuestionamiento a una guerrilla que desconoce la prolongada lucha social, política y cultural de un movimiento indígena, campesino y popular, que a costas de grandes sacrificios y asesinatos de muchos de sus líderes, se incubó en las luchas agrarias y campesinas de finales de los 60 e inicios de los 70 del siglo XX, cuando el gobierno de Lleras Restrepo intentó reactivar la Reforma Agraria, que de nuevo el primer presidente de izquierda y proveniente de una guerrilla desmovilizada pretende reactivar.

“Contra quién es la guerra?

Una primera cosa que queremos que nos digan es para que ustedes hacen la guerra. para quién es la Guerra?

Según los guerrilleros de las FARC, en las épocas del Sexto frente y la Jacobo Arenas, la guerra era para derrotar al régimen político, o por lo menos para presionarlo a que aceptara una apertura democrática o para mejorar las condiciones de vida de la gente. Estuvimos muy en desacuerdo con lo que ellos hicieron y usted ustedes saben que criticamos y condenamos todos los crímenes que cometieron contra nosotros. Pero era claro que su guerra tenía un propósito. Aunque en la última etapa mostrarán serios signos de descomposición. Para nosotros es inviable una guerra solo por guerrear, ya que implica perder vidas sin sentido. No creemos en convertir las armas en una moda y mucho menos en usarlas contra la gente, pues lo más seguro es que esto se revierta y la fuerza del pueblo sea mayor que su miedo. A pesar de todo lo que hemos vivido, somos incapaces de creer en la existencia de un instinto homicida como base de todas las guerras, puede que haya razones poco políticas para que la gente decida armarse, rabia, búsqueda de dinero o reconocimiento, afán de aventura, lo que sea. Pero una vez se forma una organización ya el asunto no es por qué, sino para qué se organiza y se mantiene ese aparato. Nuestra pregunta es sincera, pues no vemos claro el horizonte de la organización. Lo que vemos, en cambio, es una serie de atrocidades contrarias al legado de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, que ustedes proclaman.

Es un duro cuestionamiento a una guerrilla que se aprovechó de más de un año de cese al fuego de las Fuerzas Armadas del Estado para extenderse a los municipios del oriente caucano y el Huila, luchando con el ELN, en medio de escuelas y casas por apoderarse del territorio y, autoproclamándose poseedora de la línea revolucionaria correcta, – en medio de la paranoia y búsqueda de justificación a sus crímenes-, acude a señalamientos sin fundamento contra las organizaciones y líderes populares que no les marchan, y al atentar contra ellos, en la práctica se convierten en paramilitares socavando organizaciones comunitarias.

“Solo en los últimos cuatro años en el norte del Cauca su organización ha sido responsable de 374 asesinatos contra Kiwe Thegnas, autoridades y comuneros, dejando heridos a decenas más; ha puesto explosivos a 42 personas, sin contar los que han afectado viviendas y caminos vecinales…

… Se han realizado 214 hostigamientos a bienes civiles como casas y escuelas; ha hecho 225 amenazas individuales a miembros de nuestras comunidades y 112 amenazas indiscriminadas; ha reclutado a 785 menores de edad; han desaparecido forzosamente al menos a 25 personas; y extorsionado casi a todas las comunidades. Hablamos de por lo menos 1.777 acciones contra las comunidades nasa del norte del Cauca.

Esos son casos reconocidos por ustedes mismos o en los que hay certeza de que son los responsables, lo cual representa el 81% del total de acciones violentas contra las comunidades…

“… Mientras tanto, los datos de sus operaciones contra el Estado o las fuerzas militares. Muestran 298 enfrentamientos en esos mismos 4 años. La mayoría de ellos fueron entre el 2021 y 2022. Y más del 70% ocurrieron en solo 3 Municipios (Corinto, Toribio y Caloto)… … Sumados todos los hechos en los últimos 4 años, ustedes se han enfrentado en el norte del Cauca casi 300 veces contra el Ejército y la Policía. Mientras, en el mismo período han desplegado 1777 acciones contra la gente. Son cifras que indican que las acciones contra el pueblo durante su dirigencia superan en 7 a las adelantadas contra el Estado. Más allá de lo miserable y contradictorio que resultan esos datos, a cualquiera le queda muy claro que el enemigo de ustedes dejó de ser el Estado colombiano o el régimen político o la oligarquía o los ricos o lo que una fuerza armada revolucionaria podría entender como enemigo. Así las cosas, es evidente que lo principal de su estrategia está dirigido contra la gente, contra nuestra organización indígena. Y nuestros gobiernos locales y autoridades distritales. Kiwa Thegnas comuneras, menores de edad, sedes de los gobiernos indígenas, escuelas y colegios. Según su accionar es el enemigo contra el cual apuntan sus armas”.

Pero no es extraño desde hace muchos años, ninguna de las organizaciones que dicen ser insurgentes tiene una estrategia para derrocar al Estado colombiano, el que dicen enfrentar, en cambio, han centrado sus acciones para suplantar los esfuerzos del movimiento popular por construir gobiernos alternativos y autónomos en sus territorios. Para reemplazar estos gobiernos propios, ustedes se han dedicado a destruir o intentar destruir. Todavía no lo han logrado y estamos seguros que no lo van a lograr lo que llevamos construyendo en 50 años de lucha indígena en el departamento del Cauca. Y por lo que sabemos, ustedes vienen haciendo lo mismo en Nariño, en la costa pacífica, en Putumayo”, continúa el inventario hecho por las autoridades de la ACIN al ensañamiento de este grupo armado contra sus comunidades.

Son manifestaciones extremas de una insurgencia que perdió su rumbo, después que la lucha armada como mecanismo principal para llegar al poder y garantizar la construcción de una sociedad equitativa y sin corrupción, perdió fuerza, ante la degradación de regímenes como el de Nicaragua. Con mayor razón, cuando la vía armada dejó de ser apoyada por la desaparecida Unión Soviética, China y Cuba, y las diferentes guerrillas sobrevivientes en Colombia se vincularon al narcotráfico, la minería ilegal, la extorsión y el secuestro, y muchos de sus militantes y dirigentes fueron influenciados por la cultura traqueta que ha criticado el presidente Petro (pistolas enchapadas en oro y con sus iniciales a lo Pablo Escobar).

Aún, sin llegar a los extremos de Sangrenegra, Desquite, Efraín Gonzaléz y los llamados chusmeros de los años 60, con sus cortes de franela y abusos contra la población desarmada, los de hoy actúan como si fueran nuevos conquistadores, tienden a bandolerizarse y se parecen más a los paramilitares reciclados del Clan del Golfo, a pesar de que en vano intentan enmascararse en un seudo discurso revolucionario, que ni ellos mismos se creen, y sus soldados, -muchos reclutados con engaños o a la fuerza entre adolescentes de comunidades indígenas y campesinas-, ni entienden ni asimilan.

¿qué orientación están dando a su gente? Nosotros estamos entendiendo que la estrategia de guerra tomada por ustedes. Ha sido reclutar nuestros propios comuneros. Para que sean ellos quienes asesinen al mismo pueblo. Bajo esa lógica. ¿Cuál es la defensa que pregonan a favor del pueblo?

¿Para qué tenemos que prepararnos? ¿Están dispuestos realmente a respetar la estructura de gobierno propio y la vida de las comunidades? Porque eso es lo que esperamos y eso implica que ustedes reestructuren su accionar.

En el marco de nuestras facultades constitucionales y como autoridades ancestrales en territorio. Esperamos tener respuestas claras. Es importante conocer con detalle los planteamientos y orientación de su organización. Solicitamos que esta carta sea compartida a los mandos de los frentes, como los señores Dionisio Iván Lozada, Sebastián Martínez, Nelson Ríos, David Arenas.

Autoridades indígenas del norte del Cauca, finalizan la carta.

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