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La violencia en los niños y niñas del Cauca una realidad oculta

Al leer el relato del profesor de música Leonardo Correa en el resguardó de Jambaló, sobre los niños que corren a decirle que hay que entrar los que están afuera ensayando música porque están siendo “hostigados”, se siente una profunda conmoción al observar cómo el vocabulario asociado con la guerra se filtra en las vidas cotidianas de los niños. Esto apenas refleja la superficie de la violencia a la que se enfrentan en el Cauca, y en otras regiones del país, donde las situaciones de conflicto son una triste realidad.

Cuando uno reflexiona sobre la situación de los niños, niñas y adolescentes en el contexto del conflicto armado en nuestro departamento del Cauca, es común que la primera imagen que se nos viene a la mente sea la de niños, niñas y adolescentes convertidos en soldados, forzados a participar en actos de violencia que marcan sus vidas de manera irreversible.

La vinculación de niños y niñas en grupos armados es una tragedia que no solo vulnera sus derechos fundamentales, sino que deja daños irreparables en su desarrollo y bienestar. La experiencia dentro de estos grupos representa una violación constante de sus derechos más básicos: el derecho a la vida, a la integridad física y emocional, a la libertad personal, a la educación y al cuidado familiar. Los menores involucrados sufren heridas físicas y psicológicas profundas que perduran mucho después de salir de estas situaciones.

La incidencia de violencia sexual contra niñas y niños es especialmente preocupante, con las niñas enfrentando un mayor riesgo debido a estructuras patriarcales arraigadas que dificultan la denuncia y perpetúan el estigma. Esta realidad exige una respuesta urgente y coordinada de todos los sectores de la sociedad, incluidos actores gubernamentales, organizaciones internacionales y la sociedad civil.

Es crucial promover iniciativas preventivas y de protección específicas para avisar el reclutamiento y el uso de menores por parte de grupos armados. Además, se deben implementar acciones concretas para brindar atención y apoyo a las víctimas, garantizando sus derechos fundamentales en un entorno seguro y pacífico. Esta es una responsabilidad compartida que debemos abordar con determinación para proteger a las generaciones futuras de los daños irreparables causados por el reclutamiento infantil en conflictos armados.

El relato del profesor de música que se ve obligado a trabajar en esas zonas remotas, donde individuos irracionales se disputan el control del territorio, revela una realidad desgarradora. En este contexto de guerra, uno se pregunta a qué costo se sostiene este conflicto. Claro, se me estaba olvidando que la guerra es un negocio lucrativo para algunos. Llamo “seres irracionales” a estos actores porque han perdido completamente los ideales libertarios, mostrando una total falta de consideración por la vida de las personas, y mucho menos por la de los menores, a quienes ven como objetos que pueden utilizar y abusar impunemente en esta región.

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