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Las procesiones en Popayán

Por HORACIO DORADO GÓMEZ – horaciodorado@hotmail.com

La Semana Santa es una de las celebraciones religiosas más importantes del calendario católico, mostrando todavía, un gran nivel de recogimiento, siguiendo “religiosamente” todas y cada una de las tradiciones que se repiten año tras año por estos días. Dicen que se celebra desde cuando Jesús estaba en la tierra, lo cierto es que tuvieron que pasar varios siglos después de su muerte para que la celebración de la Semana Santa se instaurara de manera definitiva.

Tradicionalmente la Semana Santa, más allá de fiesta religiosa, es una cultura popular que va de domingo a domingo, comenzando el domingo de Ramos, terminando siete días después, el Domingo de Resurrección. Durante esta semana, los creyentes celebran lo que se conoce como Triduo Pascual: pasión, muerte y, resurrección de Jesucristo.

En Popayán, la Semana Santa, se lleva a cabo hace 458 años, desde el año 1566, como la celebración religiosa más importante de Colombia. Es una de las fiestas más tradicionales y antiguas que se cumple año tras año en la “Ciudad Blanca”. Durante cinco días, penitentes sin capirotes cargan sobre sus hombros pesadas “andas” caminando las calles coloniales. Siendo notables por la calidad artística de los dorados y la ebanistería de los pasos, así como por el ambiente sonoro y olfativo (incienso) de las procesiones. Por lo que, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) este sitio y sus eventos, fueron considerados como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Las procesiones en Popayán, han sido suntuosas, silenciosas y magníficas. La salida de la respectiva iglesia tenía lugar a las 8 de la noche y a ellas concurría casi toda la población de Popayán, incluidos los provincianos y las vecindades que acudían a la ciudad durante la Semana Santa, atraídos por los esplendores de los desfiles y fiestas religiosas.

La procesión siempre empezaba por un grupo de monaguillos que llevaban campanas e incensarios, luego seguían el Sacristán mayor y dos acólitos, llevando aquél una gran Cruz enarbolada llamada popularmente la Cruz Alta. Los primeros pasos en todas las procesiones, excepto la del Viernes Santo, eran los de la efigie de San Juan, la Magdalena y la Verónica; no llevaban sitiales o doseles y su pesadumbre era liviana, por lo cual los cargueros vestidos de nazarenos han sido devotos inexpertos. Luego venían los grandes pasos con grupos de efigies representando los diversos episodios del martirio y de la muerte de Cristo. Estos pasos llevaban sitiales muy hermosos y marchaban distanciados a considerable espacio. Su marcha era pausada y silenciosa, solamente se oía el crujir de sus “andas” y, entre los pasos desfilaban también bandas de música, y cantores del Orfeón Obrero y la Universidad del Cauca. A uno y otro lado de la procesión, se integraban largas hileras de fieles y de acompañantes discretamente vestidos portando entre sus manos, velas o cirios encendidos. El silencio, el recogimiento y la compostura reinaban en la procesión dando un aspecto majestuoso y solemne, dando pasos lentos en ambiente místico como corresponde a esta fiesta religiosa.

El desfile sacro más importante de la semana correspondía al Viernes Santo, las “andas” no llevaban ninguna efigie sino los atributos del Martirio de Cristo, como los clavos, la caña irrisoria, la corona de espinas, las sábanas mortuorias, la Cruz, etc. Por último, el Santo Sepulcro de carey y plata con el cuerpo de Cristo, y la magnífica efigie de la Mater Dolorosa.

Cargar pasos de la procesión sigue siendo una devoción rigurosa de los hijos de Popayán y sus herederos, que nunca dejan de cumplir ni en las más aciagas circunstancias. En Popayán se conversa todo el año en peculiar vocabulario semana santero. Y, mientras mayor es el peso del paso que cargan, más pesada es la penitencia en auto de fe, que se rinde a los santos cargados sobre sus hombros.

Civilidad: Las procesiones atraen a visitantes del mundo entero; pero, además, son factor importante de unidad y sentimiento por la ciudad.

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