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Los Bimbos del día de la Madre

Por Rafael Garcés Robles

Tal como lo ha hecho en los últimos treinta años, Jorgito el hermano mayor, convocó a la reunión anual del mes de mayo, a su familia de nueve hermanos y agrandada en el tiempo por esposos, esposas, cuñados, nueras, yernos, suegros, sobrinos y otros patos arrimados, que, en total cuenta con un clan de más de cuarenta personas. El motivo es celebrar por lo alto el “Día de las Madres”; escuchar opiniones acerca del lugar de reunión, y la conformación de comisiones de comida, recreación, bebidas, música, utilería, regalos y sorpresas.

Una vez conformadas las comisiones, se reunió cada una por aparte a definir los por menores. Recreación acordó traer un payaso; música contratar un trío; de bebida “chirrincho” o aguardiente “chiquito”; en utilería, cada quien traerá su plato y cuchara; en cuanto a comida se comprarán cuatro bimbos o chumbos o pavos, y Jesús el hermano menor de Jorgito, se encargó de comprarlos y se le sugirió que el día anterior a la celebración le diera a cada ave una copita de vino tinto Merlot, para darles un sabor muy especial a sus carnes; por unanimidad se escogió realizar la reunión en la amplia finca de Jorgito.

El sábado anterior a la fiesta de las madres, Jorgito visitó a su hermano para llevarle los cuatro bimbos convenidos y una botella del vino tinto con el sello Merlot de los más populares de Francia y cultivado en los viñedos del sur; Jesús abrió la nevera para guardarlo y Jorgito se percató que habían más de siete botellas de vino, Jesús se adelantó a decir que varios de sus hermanos, sobrinos y un cuñado habían tenido la gentileza de hacerlas llegar, sin embargo, le aclaró que bastaría con una para suavizar y mejorar el sabor las carnes, y que, las restantes botellas las llevaría para el brindis maternal.

A las cinco en punto de la tarde, Jesús cerró su taller de sastrería pensando en la tarea que le habían encomendado. Prendió su equipo de sonido con música tropical para ahogar un poco los aleteos y los glogloteos de los pavos al henchirles las cucharadas del licor. Sin embargo, con el correr de las horas el sonido de la música subió los decibeles y de la música bailable se cambió al romanticismo. Al cabo de la medianoche el taller de sastrería se había convertido en una bullosa cantina de música de despecho al más alto volumen. Los vecinos decían escuchar entre la bulla musical, la voz entrecortada y borrachona de un hombre y unos gritos inentendibles de otras voces salidas de películas de ultratumba o de seres extraterrestres. A las tres de la madrugada, los enverracados y trasnochados vecinos del sastre, tuvieron que soportar hasta que clareó el día, la repetición de una canción y el canto destemplado y ruidoso de los beodos:

  • “Que nos entierren juntos /

en la misma tumba /

porque por ahí se rumora /

que nos van a matar.

Que nos entierren juntos /

en la misma tumba /

y de ser posible /

en el mismo cajón –

A las seis de la mañana, Jorgito arribó al taller con la convicción de llevar los cuatro pavos y a su hermano para su finca con el fin de finiquitar los preparativos para la magna celebración, pero el recibimiento se lo hicieron los desvelados vecinos quienes le contaron en detalle los acontecimientos.

Jorgito golpeó en todos los tonos la puerta y solo tenía la respuesta del grupo Miramar que seguía cantando: “… Que nos entierren juntos..”, fue necesario saltar muros por la vecindad y al entrar a la sala, se encontró con el deprimente cuadro de un piso colmado de excrementos, botellas de vino vacías y esparcidas por todos lados, y, en la pintura mayor Jesús dormía la más profunda borrachera, sentado en el centro del sofá, abrazando con infinita ternura a dos pavos con su brazo derecho y los otros dos con su brazo izquierdo. Al acercarse para constatar lo que él atónito observaba, pudo percatarse que los pavos yacían embriagados al igual que el sastre, y comprendió Jorgito el por qué, de los indescifrables gritos y alaridos referidos por los vecinos.

Jorgito sonreía y asentía con la cabeza, pero al tiempo desaprobaba el hecho moviendo su cabeza de derecha a izquierda. Durante media hora, trató en vano de despertar al hermano y de hacer que aflojara el abrazo para liberar a los bimbos. Luego de prolongados momentos de cacheteos y estrujones, Jesús despertó con la mirada perdida y sin reconocer a Jorgito ni la situación ni el momento, sin embargo, el líder del clan quiso con imprudente fuerza zafar a los pavos del yugo del abrazo, pero Jesús se opuso aferrándolos con mayor fuerza. Algo contrariado el paciente Jorgito trató de explicar la urgencia de llevar las aves para matarlos y preparar el almuerzo familiar, pero el beodo respondió abrigando sobre su pecho a los pavos y gritando con sentimiento, decía:

– ¡A mis amigos no los mata nadie! ¡Lo que es con ellos es conmigo! ¡Quiero ver quién es el desgraciado que va a matar a mis compas! ¿Cuál es? ¿Cuál es? – Jesús impulsado por los píes echó reversa al sofá y estando cerca a la puerta de su alcoba, se levantó y empujó el sofá metiéndolo con prontitud a su recinto, cerrando la puerta y pasando el pestillo.

A Jorgito no le quedó otra alternativa que ir a reír con su familia de tan anecdótico caso y ese día las homenajeadas mamás, el clan familiar, y los invitados músicos del trío y el payaso celebraron el Dia de las Madres almorzando con mazamorra, chanchullo, morcilla, caldo de pajarilla y otras exquisiteces que compraron de afán en el restaurante: “Mesa larga” de la galería del pueblo.

Y para nada extrañaron los malos chistes del tío borracho ni la pechuga, ni la rabadilla ni el muslo ni el pescuezo de los alcohólicos pavos.

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