jueves, julio 18, 2024
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Modernidad

Por Diego Fernando Sánchez Vivas

Para esta época de vertiginosos avances tecnológicos y científicos, parece imposible que no estemos conectados a la red, que no tengamos una forma de comunicarnos en forma inmediata con quien deseamos en cualquier lugar de mundo, o que alguien no nos pueda ubicar en el sitio más recóndito de la Tierra gracias a la telefonía móvil. También resultaría incomprensible para la vida moderna que no tuviésemos acceso a los canales más importantes del mundo a través de la televisión por cable. Y qué decir de la inteligencia artificial, un fenómeno tan fascinante como impredecible.

Pero no siempre fue así. Hace algunos años, en una universidad norteamericana se necesitó un inmenso salón para poder albergar un aparato hoy anacrónico que sería el prototipo del computador moderno con miles de cables y conexiones, y un peso descomunal que hacía casi inviable su funcionamiento. Todavía recordamos con cierta nostalgia esos televisores de tubos de un espesor inmenso y pantalla redonda, sin imaginar que los televisores de ahora se pueden colgar como cuadros, tienen una pantalla muy delgada, plana y no es superior al grosor de un dedo. Quien creería que el reloj del detective de las tiras cómicas Dick Tracy que tanto nos sorprendió en nuestra niñez, hoy aparece como un aparato moderno más es decir las video llamadas a través de los celulares gracias a la tecnología de cuarta generación.

Por los adelantos de la vida moderna hemos podido presenciar en vivo y en directo, episodios trascendentales para la historia de la humanidad, tan universales como los viajes espaciales y tan conmovedores como los registros de los latidos del corazón de un pequeño en formación dentro del vientre de la madre. También hoy sabemos que es posible que de las células de los tejidos de seres vivos se pueda clonar su información genética para reproducir un par idéntico, avance científico y médico grandioso, pero que nos plantea grandes interrogantes en el plano de la ética. Eso de poder comunicarse al instante con quien se quiera, de poder disfrutar de cientos de canales internacionales, de poder abordar la red para enriquecer nuestro conocimiento universal es realmente una maravilla, pero también resulta importante dejar un espacio para la reflexión, las buenas lecturas y la contemplación de la naturaleza, actividades tan poco ponderadas en el mundo moderno que está obsesionado por el poder, la riqueza, el consumo de bienes, el lucro o beneficio personal y el afán materialista. Capítulo aparte merece reseñar todo lo relacionado con la inteligencia artificial que es la creación de máquinas que imitan la inteligencia humana con base en sistemas informáticos o combinaciones de algoritmos, algo realmente sorprendente e inquietante.

La vida sencilla alejada de los avatares del mundo moderno, siempre nos trae más beneficios para el espíritu que las complicaciones de una existencia sobredimensionada de cargas consumistas. Si queremos encontrar el secreto de la realización personal, lo debemos buscar más en nuestro universo interior que en los afanes de la vida moderna.

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