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Orden Internacional Liberal: Democracia y Derechos Humanos

Por: Clara Inés Chaves R. (*)

Son muchas las causas y los hechos que van matando los principios del orden internacional liberal y en este sentido me llamó la atención el informe de la ONG “Fredom House” en el que dice que la democracia en el mundo y por ende los principios fundamentales de ese orden internacional liberal como, por ejemplo, el respeto a los Derechos Humanos se han ido desboronando.

Países como Polonia, Hungría, Rusia, China, Guatemala, Venezuela, Nicaragua, e Israel entre otros más, han venido de manera constante aumentando su autoritarismo y desconociendo los derechos fundamentales y el Derecho Internacional Humanitario.

Vale la pena transcribir uno de los apartes del informe de la ONG antes mencionada, que en su portal “Expandiendo libertad y democracia” dice: “Libertad en el Mundo 2024 revela que la libertad global disminuyó por decimoctavo año consecutivo en 2023. La amplitud y profundidad del deterioro fueron extensas: los derechos políticos y las libertades civiles disminuyeron en 52 países y mejoraron en solo 21”.

Lo lamentable de todo esto, es que Colombia no se escapa de esta problemática, pues en el país se violan la mayoría de los derechos fundamentales tales como la salud, la vida, la educación, entre otros; y la gobernabilidad se debilita cada vez más ya que el Estado no controla la totalidad del territorio y menos ejerce su función de Estado Social de Derecho en las regiones donde la violencia reina.

El cambio climático que es otro tema de la agenda internacional también tiene una incidencia en la gobernabilidad y en el desarrollo sostenible, pues juegan temas como la soberanía y la seguridad alimentaria y más en Colombia, puesto que incluyen aspectos relacionados con priorizar la producción agrícola local para alimentar a la población, el acceso de los/as campesinos/as y de los sin tierra a la tierra, al agua, a las semillas y al crédito, entre otros.

El informe presentado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas en el país señala el aumento de masacres y la expansión de grupos armados, pues tenemos 1800 grupos delincuenciales haciendo de las suyas, amedrentando a la población civil y los resultados en inversión social y en seguridad por parte del Estado son deficientes.

Claro, este problema no se lo podemos achacar solamente al actual gobierno, pues vemos que la falta de políticas públicas en inversión social, en equidad, en una mejor repartición de las tierras y en controlar el territorio dejado por las extintas FARC han venido siendo lamentables ya que al parecer no ha existido una voluntad política por parte de los dirigentes que nos han venido gobernando con sus honrosas excepciones, pero por lo menos en el presente siglo lo que hemos visto es la difusión del populismo, de la evasión de la ley, de la corrupción, el fortalecimiento de algunos que se consideran las vacas sagradas y de hacerle conejo a la nación en lo fundamental, y claro, el mal ejemplo cunde, y tenemos una sociedad para cuya mayoría, estos antivalores perpetrados por algunos líderes políticos y la mala herencia de Pablo Escobar, son los modelos a seguir.

Pero como si fuera poco, me sorprendió un artículo del portal “Verifico, Verdad Abierta” del pasado 13 de febrero, titulado Los indígenas hacen quemas, incluso sobre páramos. Pero se han vendido como los ‘guardianes de la naturaleza”, en el que se le acusa de manera infame a unos indígenas de ser autores de las quemas en algunos paramos.

Este hecho comprueba que en el país la práctica de lavarse las manos como Pilatos y echarles la culpa a los otros, y en este caso a algunos indígenas resulta lo más cómodo y una manera de debilitar la justicia y el Estado de Derecho.

Sobre esta problemática se ha venido debatiendo, y tratando dizque de encontrar alternativas de solución, pero estas no llegan de manera eficiente, eficaz y con la celeridad que se requiere.

La mala herencia de la colonización en donde se repartieron a dedo las mejores tierras y se le dio categoría de miserables a los indígenas y a los afros, hace que eso sea tan evidente puesto que las regiones que menos desarrollo y más violencia existen en Colombia son las zonas en las que habitan esas minorías. Nos hemos enfocado en la región andina y en la zona cafetera, desconociendo las necesidades y las penurias que viven nuestros hermanos colombianos en otros sitios de la geografía del país.

Si nosotros como nación colombiana y los distintos sectores o grupos de presión del país incluyendo los políticos no reaccionamos para fortalecer los derechos fundamentales, la democracia y la gobernabilidad del país terminaremos como Venezuela o Haití en donde los delincuentes son los que tienen el poder e imponen la ley; y en esta problemática que no es responsabilidad de la izquierda, sino de toda la clase política.

(*) Exdiplomática y escritora

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