jueves, julio 18, 2024
No menu items!
spot_img

¿Retroprogresismo?

Por Silvio E. Avendaño C.

En el Diario de Alexander von Humboldt, (1801): “El río Magdalena tiene pocas revueltas, casi ningún brazo, muy pocas islas…” Y en ese viaje hasta Honda, en champán, traza Humboldt el mapa del río Magdalena. En Reminiscencias de Santa Fé de Bogotá, José María Cordovez Moure, narra, (1903): “Hoy se viaja a nuestro litoral atlántico con las comodidades que presentan los ferrocarriles de la Sabana y el de Girardot… el de la Dorada que une lo alto con el río Magdalena, y el de Bolívar, después de recorrer la parte alta y baja de dicho río por medio de la navegación regularmente establecida en buques de vapor.” Darío Mesa escribió: “Nunca ha tenido el país un desarrollo más rápido que el experimentado entre 1925-1929”. Con 25 millones de dólares, producto de la indemnización del Congreso de los Estados Unidos por la pérdida de Panamá y, con préstamos se modernizó el país, pues dicho capital se invirtió en ferrocarriles, energía y carreteras.”

Pero los ferrocarriles terminaron por dar el golpe mortal a la navegación por el río Magdalena que, desde tiempos coloniales, había sido un factor crucial en la vida económica, no solo del virreinato, también de la república. Las empresas de barcos de vapor se establecieron desde 1823 hasta 1960, bajando tabaco y café y subiendo mercancías, hasta que cayeron en desuso dado que el transporte de carga y pasajeros era mucho más rápido con el tren. Más la épica del tren llegó a su fin hacia los años 80 del pasado siglo. El abandono de los ferrocarriles se encuentra plasmado en el terminal de transporte en Cali, allí yacen los vagones pudriéndose al calor de la ciudad. Los rieles se levantaron como sucedió entre Cali y Popayán y, en esta ciudad se dinamitó la estación del tren… Las vaporinas acabaron como recuerdo en Chiquinquirá o convertidas, en los talleres de Facatativá, en tejos para jugar turmequé…

Primero se establece la navegación fluvial, luego se tienden los rieles para el tren y, queda a un lado el río, el transporte fluvial. Más tarde se construye el ferrocarril que con el tiempo cae en abandono porque se han trazados y construido las carreteras. No es explicable la construcción del ferrocarril paralelo a la vía fluvial y, pasadas unas décadas, viene la construcción de la calzada paralela a la línea del tren… En las carreteras transitan las mercancías, en conteiners, bordeando la accidentada orografía del país.

No sé si es cierto lo que he oído hace unos días o si es una broma o una inocentada fuera de tiempo. En las noticias, se dice que se ha puesto en funcionamiento el ferrocarril entre Dorada y Santa Marta. Y, cuando paso por la estación de la Sabana siento nostalgia de algo grandioso. Aunque a decir verdad, las últimas alcaldías y la gobernación de Cundinamarca, prometen la construcción del regio tren que ira hasta el cercado fuerte al final de la llanura- Facatativá-si es que los transportadores de carretera lo permiten.

DEJA TU COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Artículo anterior
Artículo siguiente
ARTICULOS RELACIONADOS

NOTAS DE INTERÉS

- Publicidad -spot_img

Comentarios recientes

Carlos Alberto Manrique Barrios en Colombia: Un País Festivo
Francisco samboni en Las formas de la adivinación
Diana Bolena Sánchez hoyos en Adán y la primera vez
César Augusto en Filosofía de los Afectos 7
Alvaro Diaz en Madre, en tu día
Fernando Acosta Riveros en Mujeres en el siglo XXI
El Liberal en Loro Orejiamarillo
ALVARO EFREN DIAZ SEDANO en Loro Orejiamarillo
David Fernando Fernández Montilla en Las araucarias mueren de pie
Carlos Alberto Manrique Barrios en Mesa de dialogo de la Cultura y el Turismo en Popayán
Fany bolaños en Majan