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Una historia donde todos perdemos

Por Donaldo Mendoza

Se me ocurre pensar que esas comunidades que cada tanto tiempo bloquean la carretera Panamericana ignoran los innumerables daños y perjuicios que su actuar ocasiona, a Popayán y a los departamentos de Cauca y Nariño. Solo el desconocimiento del grave efecto de ese proceder ‘explica’ que lo sigan haciendo. La justificación, dicen, es el reclamo de derechos o promesas incumplidas. Aunque tales reclamos sean a costa de los derechos de los demás.

La historia que voy a contar es un pequeño episodio dentro de la narrativa de otras personas afectadas por los bloqueos. El asunto es el siguiente: El 16 de abril mi hija, su esposo y un bebé de ocho meses llegaron, desde Alemania, a pasar unas vacaciones de treinta días. Pues el miércoles 15 de mayo, desde muy temprano, los medios informaban que la carretera había sido bloqueada por una comunidad que exigía a la Gobernación el nombramiento de profesores…

Ahí comenzó la angustia y la incertidumbre. Toda la mañana del quince se le fue a esta familia en tratar de buscar contacto con la aerolínea Lufthansa para reportar la novedad: un problema de “orden público” les impedía viajar a Cali. Después de larga espera les dieron la opción de aplazarles el viaje hasta el próximo miércoles 22, pero bajo la condición de pagar bastante dinero de penalización. Dado que la única lectura que hace la aerolínea es que “los pasajeros no se presentaron en el aeropuerto a la hora programada”.

Como se trata de las ‘aventuras y peripecias’ de una odisea, a los viajeros les ofrecieron en principio la opción de volar Popayán-Bogotá, Bogotá-Cali y Cali-Bogotá, a fin de cumplir con el plan de vuelo de los tiquetes. Y, por supuesto, debían correr con los gastos. Al final, la sensatez los obligó a quedarse. Me reservo contar los inconvenientes ocasionados por no estar en Alemania en la fecha original. Basta decir que en lo emocional y en lo económico el daño fue severo.

Mis lecturas sobre estoicismo me han ayudado a no sentir ira, derivada de una desagradable circunstancia. No es una actitud pasiva, encarna más bien la esperanza de poder despertar alguna sensibilidad en las comunidades que piensan que hacen bien cuando bloquean la Panamericana. Los efectos de ese proceder acrecen la pobreza en la región, de un lado; y del otro, eliminan toda intención de solidaridad que podrían recibir de la población. Mi hijo hacía esta reflexión, cargada de ironía: “Alpina se fue, por las pérdidas que les causaban los bloqueos; ahora en ese local hay una iglesia cristiana, para que los desesperanzados hallen consuelo…”.

Es legítimo el consuelo que emana de la religión; pero el reino de este mundo precisa que Alpina y otras empresas con músculo económico inviertan en Popayán y el Cauca, y para ello necesitan confianza. Ah, y que la felicidad de los familiares que nos visitan sea completa. Los bloqueos de la Panamericana no traen progreso, sino suicidio económico. Y todos perdemos.

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